“La ola que comenzó como una defectuosa actualización de sistemas de seguridad en Australia se extendió por todo el planeta paralizando aviones, paralizando servicios bancarios, impidiendo operaciones médicas y causando retrasos en vuelos. Fue una interrupción global sin precedentes en el funcionamiento de la ahora vital infraestructura tecnológica”, comenta nuestro socio, Emilio Carrillo, en su columna para El Heraldo de México.
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